
No quiero centrarme en
lo mucho que admiro a Ramón y sus logros, así que voy a contar un poco sobre la
novela que acabo de terminar, sin desvelar nada… como hago siempre. Bien. Yo
diría que Enriqueta Martí, más conocida como “La vampira del Raval”, podría considerarse
como nuestro particular Jack el Destripador, pero como el cine ha sido más de
dominio anglófono, muy pocos de nosotros conocían la existencia de este
personaje. Si bien puede parecer sacado de una novela de terror, se trata de
una mujer que existió de verdad y que hizo gran parte de lo que el autor nos
describe. Ramón se ha documentado mucho, pero como él mismo me desveló en una
de nuestras charlas, se ha tomado ciertas licencias literarias para remendar
los vacíos históricos y recrear una vida peculiar y macabra.
Me llamó mucho la
atención su manera de combinar la narración en primera persona, con la tercera
persona. Es un recurso que no me había planteado, y me resultó muy novedoso.
También hace que la novela sea más personal, cosa que es magnífico, ya que se
trata de una historia de un personaje peculiar, así mimetizamos más sus
acciones y, como se suele decir, no ponemos en su piel (nunca mejor dicho). Dándole
un toque macabro a la metáfora.
Supongo que, llegado a
este punto, uno debe de preguntarse de qué va la novela. Pues mira: De intriga,
suspense, terror, historia y… mucho más. Me resulta muy difícil encasillarla en
un género en concreto, y creo que eso la hace más atractiva. Los escenarios,
las situaciones, las actuaciones, los momentos… es una novela que te mantendrá
enganchado hasta la última página. ¿Qué queréis que os diga? Compradla y
leedla. Es una pasada.
¡Ahhhh! Y no quería
dejar de hablar sobre de la edición que tengo en mis manos. De lujo no… de lujo
extremo. Así que aprovecho esta línea para darle las gracias a mi querido amigo
e hilador de historias: Ramón Cerdá y, aunque no llevo, me quito el sombrero.
Bravo. Un fuerte abrazo para él, y para todos.
Alexander Copperwhite