Google+ Followers

sábado, 30 de julio de 2011

¿Escribes?

Hace poco leí que no existe escritor bueno o malo, sino conocido o desconocido. Quizás debamos sincerarnos con nosotros mismos, mirarnos en un espejo, y convencernos que lo que hacemos, no es una forma de hacernos ricos, sino que verdaderamente sentimos la necesidad de que nos lean. Con los medios que disponemos hoy en día, es muy sencillo escribir, y aún más darte a conocer pero… los escritores noveles queremos darnos a conocer, o convertirnos en un Dan Brown por arte de magia. Durante los últimos años he indagado sobre el tema, he leído biografías de escritores famosos, y he descubierto que muchos no lo han tenido demasiado fácil. Lucharon, volcaron su voluntad en ello y triunfaron. La biografía de Steven King es muy apropiada. Escribimos “Best sellers” o simplemente nos gusta escribir historias. En mi opinión, ahí está la diferencia. Yo escribo artículos, opiniones, emociones, estados de ánimo y disparates, pero nunca dejo de escribir. Ne me quedo estancado en la novela sin editor. Paso página y sigo mi camino, porque lo que me gusta es escribir. El éxito es un estado mental. Si te consideras escritor, es que lo eres. Todo lo demás llegará a su debido tiempo.
Alexander Copperwhite

viernes, 29 de julio de 2011

Caminando hacia atrás

Los tiempos cambian, las tendencias también, e incluso los proverbios cambian. Nosotros, aunque mantenemos viva la imagen de nuestros más ilustres años, también cambiamos. De paseo con mi hijo de dos años, me percaté del hecho que, mientras yo no dejaba de observar el suelo, en busca de “obstáculos caninos” y demás trifulcas callejeras con el fin de esquivarlas, mi hijo, en su infinita e inocente sabiduría, sólo se preocupaba en fijarse en el cielo. Las nubes danzaban al ritmo de una silenciosa sinfonía orquestada por “el todo” mientras yo me preocupaba por los “obstáculos”. Con la misma regla de tres, me temo que somos demasiados los que nos preocupamos más por lo cotidiano que por lo hermoso que nos rodea, que en definitiva es la vida. Llegué a esta conclusión, y decidí recorrer lo andado hacia atrás, y tropezar con los “obstáculos” que al fin y al cabo, con un trapo y un poco de agua y jabón se quitan, pero la vida, una vez que pasa, no podemos repetirla.
Alexander Copperwhite

miércoles, 27 de julio de 2011

El capitán y el mono


Los viejos compañeros se amarran unos a otros con la esperanza de que los cabos que les unen, aguanten las peores tormentas. Ventiscas de aguacero pinchan como centenas de agujas los rostros de los dos aventureros que, contra viento y marea, navegan por aguas profundas en busca de un puerto amigo o una cala donde resguardarse. Durante el periplo, siete gargantas de siete leonas pretendían tragarse al mono, y siete sirenas provenientes de los siete mares, se enamoraron del capitán. Leven anclas, abriolad las velas, limpien la lantía, y arreando. El mono sólo le miraba con ojos vagos e intenciones perezosas. Y el capitán se enfadó… y cuando se dio cuenta se había caído del sofá, apagó la tele y refunfuñó… mira que soñar con monos...

Alexander Copperwhite

lunes, 25 de julio de 2011

La realidad interior

Ser escritor novel no es más que el principio de un camino, marcado por nuestra necesidad de escribir, que no conduce a ningún sitio en concreto. Nos aislamos en la burbuja de nuestra mente, donde perseguimos alfombras voladoras y cálices de conocimiento, e intentamos coexistir en ese mundo definido por nuestro subconsciente. Durante un paseo o mientras realizamos tareas cotidianas, nos surgen ideas de carácter extraordinario, y nace el momento perfecto para reflejar esa idea en un folio de papel, que sobre su triste y blanquinosa superficie, se estampará la inesperada imagen. Nos enfrentamos al lienzo, con los ojos en blanco, viviendo en un universo paralelo, mientras escrutamos con un lápiz las palabras invisibles que yacen ante nosotros. Ser escritor novel, no es más que el principio de una vocación, una forma de vida y una autocritica constante. Me alegro de haberme convertido en escritor novel, y espero hallar el camino que todos nosotros buscamos.
Alexander Copperwhite

domingo, 24 de julio de 2011

El arte de leer

Enganchar un libro cualquiera, agazaparse entre sus páginas, y vislumbrar una historia plasmada por una imaginación ajena, no es tarea fácil. La ansiosa suavidad con la que pasamos las páginas, con la intención de descubrir lo que sucede a continuación, se convierte en veneno que lentamente recorre nuestra mente hasta alcanzar el resto de nuestro cuerpo. En ese momento, leer se convierte en un arte, ya que sufrimos el dolor del autor, nos entremezclamos en sus pensamientos y nos reímos cuando él se ríe. Balbuceamos algunas de sus frases y volvemos a sonreír, o notamos su frustración. Y tan pronto acabamos con su trabajo, deseamos que él hubiera continuado pero la verdad es una. Se acabó y hay más libros que empezar. Si leer no es un arte ¿entonces qué es lo que es?
Alexander Copperwhite

viernes, 22 de julio de 2011

Menú del día

Tortilla de patatas con trocitos de jamón york y rehogado con salsa de opiniones diversas. Muslo de pollo con verduras salteadas, con salsa agridulce, reflexión sobre la vida, y una rodaja de tomate, siempre fresco. La ensalada de la casa; con lechuga, cebolla, cuatro risas, dos aplausos, aceitunas verdes y bonito. Siempre alineada con aceite de oliva virgen, vinagre y una picaresca de sal, para los malos humos. Para beber, vino de la casa, aprecio de la casa o cerveza y refrescos. De postre… tarta de fresas o de chocolate, con nata montada, virutas de bien estar, y una enorme sonrisa. El chupito de orujo de hierbas, o de simpatía reverencial, corre a cuenta de la casa. Ustedes solo acomódense y disfruten. Precio: 8 € o un abrazo, aunque sea cibernético.
Alexander Copperwhite.

martes, 19 de julio de 2011

Me gusta internete y fazebuke

Gracias a las nuevas tecnologías, he conseguido inventar y liberar a mí –altren ergo- que significa caballo sin dientes que jadea con lengua lánguida y únicamente pronuncia incoherencias. Mi burro interior, y orgulloso de serlo, exteriorizó su encanto burlón y su testarudez dialéctica, que cuando no me escuchan… rebuzno para que lo hagan. Amo a mi burro interior. No olvidemos que es un animal que no tropieza dos veces en la misma piedra, logro muy muy distante de conseguir por el hombre. Aterrizamos en la luna, plantamos una bandera, tropezar en un cráter, regresar a por algo que olvidamos, y volver a tropezar. Mandemos un burro. Seguro que no repite de infortunio… Por tanto, un rebuzno a todos…
Alexander Copperwhite

lunes, 18 de julio de 2011

Una de cuatro estaciones

El otoño nos enamora, el invierno enfría, e incita a enamorarse y rejuntarse, la primavera otorga esperanza y el verano… bueno… del verano mejor no hablemos ya que invoca todo lo demás, de mismo orden, viceversa, y entremezclado. Crecemos igual que la verdura o mejor dicho… nos crecemos. Tanto mustios y desanimados, como alegres y de nuevo aflorados. Y cuando nos resulta difícil levantar ese ánimo, arriba esa cervecita fría, que refresca el gaznate y disipa las ideas de mal pensar. Pizza otoñal, pasta primavera, cazuela invernal y mejunjes de verano. Elegid… y disfrutad… hay para todos.
Alexander Copperwhite

sábado, 16 de julio de 2011

Un café… ¿Por qué no?

Esta mañana me apetecía mucho tomarme un café, muy cargado. Un café con sabor a color amarillo optimista, un toque de azul apacible y un intenso olor a rojo pasión. No resulta fácil encontrar a desinteresados defensores de las letras y de las historias por contar. Me gusta imaginarme a amigos como Angiolillo, escuchando a Homero relatar la Ilíada y la Odisea, en tiempos remotos, y olvidados, contándola a sus amigos y vecinos con el mismo entusiasmo que el propio autor. Gracias a apasionados como él, algunos cuentacuentos hallaron un lugar en la historia de sus países, y del mundo. Y se convirtieron en escritores. Así es como nacemos. De la voluntad del pueblo, del entusiasmo de quienes nos leen, y la llama de nuestro interior se aviva, y se nutre con sus pensamientos.
Alexander Copperwhite.

viernes, 15 de julio de 2011

Una teoría Darwiniana

Pintar, garabatear, deletrear, escribir y relatar. El bebé que pinta se expresa, el niño que garabatea escribe, el profesor que deletrea enseña, el anciano que recuerda compone, y todos ellos relatan. La simiesca simplicidad, de una evolución paulatina y mundialmente aceptable, se desvanece ante la complejidad del asunto. La letra “a” del niño indica dolor y la misma letra, manifiesta negación en boca de un adulto. ¿Un palíndromo evolutivo? ¿Por qué cuando un hombre escribe, anhela su niñez, y cuando un joven lo hace se cree un adulto? Las teorías cósmicas se desbaratan ante tal conclusión. ¿Se siente más viejo quién más sabe, o quien más años tiene? O es posible sentirse como un mancebo el resto de nuestras vidas… Y concluyo; la mente humana es maravillosa, única y excepcional. Si lo divino existe, sin duda reside en ella. De ahí nacen las esculturas, las catedrales, los puentes, los cuadros, los relatos y todo lo que nos rodea. Darwin nos mostró de dónde venimos, pero no a dónde llegaremos…
Alexander Copperwhite

miércoles, 13 de julio de 2011

El apoyo inesperado.

Hoy he recibido una muy interesante visita de un lector muy exigente. Se expresó con sinceridad y claridad. Manifestó sus pensamiento abiertamente y sin esconderse. En ocasiones he visto como aparecen este tipo de lectores y reciben una especie de censura. Por no apoyar, no gustar, no agradar, etc… Pero NO. Son objetivos, críticos y agresivos. ¿Por qué no pueden expresar su opinión abiertamente? ¿Cómo mejoramos como personas si no nos critican? ¿Cómo podemos expresar nuestra pasión si no estamos dispuestos a que nos señalen con el dedo? Pido por favor… o mejor dicho… ruego a que comentemos lo mejor y lo peor de nosotros mismos y convertirnos en mejores personas, esposos y esposas, padres y madres, amigos, profesionales, y soñadores, y amantes, y en mi caso; me gustaría ser mejor escritor aparte de todo lo demás. Pero por favor, pido a los más exigentes que muestren benevolencia y a los más agradecidos que sean más bruscos, ya que el equilibrio es el soporte del universo.
Alexander Copperwhite

domingo, 10 de julio de 2011

Un poco de apoyo.

Despertar en tiendas húmedas y sueños rotos
Con hambre a democracia y con sed de trabajo
Los jóvenes luchan sus causas perdidas
El día señalado, se acerca
Las guillotinas se montan
Cortarán las cabezas de la indiferencia
Castigarán los promotores de la ignorancia
Con fuego en el corazón y verdad en las manos
Sitiarán la Bastilla
Y el poderoso, perdido en su soberbia
Caerá
Y la democracia renacerá de nuevo

Alexander Copperwhite

domingo, 3 de julio de 2011

viernes, 1 de julio de 2011

¿Quieres saber el porqué?

Un cuarto día, de un cuarto mes, de un momento cualquiera; cuatro pájaros se me acercaron y me ofrecieron cuatro grandes pasiones de regalo. El primero me habló de la sabiduría infinita, con respuestas inimaginables y poder indescriptible. Pero me prohibió compartirla con el mundo y me negué a aceptarla. El segundo me ofreció la valentía. Mover montañas con la voluntad férrea de Hércules, defender lo indefendible y conseguir cualquier cosa que me propusiera. La depositó en mis manos y tuve que rechazarla, porque me prohibió compartirla con mi comunidad y con mis seres queridos. El tercero me habló de la generosidad y me tendió el brazo. Mejorar mi entorno, mi relación con mi familia, mi ciudad. Crear oportunidades para los jóvenes, una mejor vida para los ancianos, pero yo no podría participar, y no quise aceptarla. El cuarto y último, me ofreció el amor. Amar y ser amado sin prejuicio alguno y alcanzar su estado más puro. Elevarme hasta el cielo, navegar por las estrellas, acariciar la luna y todo ello, sin ni siquiera despegar los pies del suelo. Pero me dijo que no debería expresarme jamás y definitivamente me negué.
De que sirve conocer la pasión en sus infinitas formas y con sus innumerables variantes, si no puedes compartirla. De que sirve apasionarse si no te expresas. De que sirve sentirte apasionado si nadie te escucha porque nadie se encuentra a tu lado.
Para los que me preguntan ¿Por qué escribes? Esta es mi respuesta. Lo hago para transmitir el conocimiento, inspirar valentía, infundir generosidad y expresar mi amor, que aunque no sean pasiones perfectas, son mi verdadera pasión.
Y para los que se preguntan ¿Por qué escribo? Esta es mi motivación, ya que en las palabras que escribimos reside la pasión, que nos describe como las personas que realmente somos.   

Alexander Copperwhite