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lunes, 12 de septiembre de 2016

Mi opinión – El manuscrito I, de Blanca Miosi

A veces me apetece comenzar una entrada con una afirmación, otras veces lo que busco es arrancar una sonrisa, y otras informar sobre el contenido de la obra que he leído, pero en esta ocasión me saltaré mis propias normas y empezaré con un improperio. ¡¿Maldita sea, por qué no se me ha ocurrido a mí esta historia?!

Conozco a la autora desde hace bastante tiempo, aunque nuestros caminos se han acercado bastante durante los últimos dos años. Eso sólo se debe a la amabilidad de Blanca, y su extraordinaria forma de empatizar con los demás. He de decir, que aparte de ser una gran escritora, es una gran persona, y me imagino que sus lectores así lo perciben.

Bueno, después de andarme por las ramas (como de costumbre) iniciaré la descripción de la novela, que como he dejado bien claro desde el principio, mu hubiese gustado haber escrito yo, pero como no ha sido así, al menos he tenido el gustazo de disfrutar de su lectura.

Todo comienza de la forma más sencilla. Uno de los protagonistas, un escritor frustrado, consigue un manuscrito de una persona desaparecida, y de inmediato queda maravillado con él. Tanto es su asombro, que hasta está pensando en presentarlo como si él lo hubiera escrito (o al menos así lo percibí), pero de pronto se da cuenta que eso es imposible. ¿Por qué? Pues porque el manuscrito no está terminado, sino que está siendo escrito en ese preciso instante. ¿Cómo puede ser? Muy sencillo, y a la vez complicado. Los personajes descritos en él, son reales, y están escribiendo su propia historia con cada paso que dan. Y surge la pregunta: ¿leerías un manuscrito donde apareciese plasmado tu futuro? ¿Sí, no, quizás? Supongo que para respuestas, los colores. Pero la historia no acaba aquí, porque no sólo veremos el devenir de los protagonistas, sino que viviremos una increíble búsqueda. La de la inmortalidad. ¿Cómo es eso posible? Es muy sencillo, leed el libro y lo averiguaréis.

Acción, intriga, misterio, suspense, aventuras, personajes malvados, y siniestros, y enamorados, e ingenuos, y desequilibrados. De todo. Sencillamente de todo. Desde luego es una novela que me hubiera gustado escribirla, pero no me resigno. Le doy las gracias a Blanca por haberme regalado momentos tan intensos durante la lectura, y por enseñarme que la imaginación no tiene límites. Y eso es lo que encontramos en El Manuscrito I; una historia que podría haber sucedido, o incluso que esté a punto de suceder. ¿Lo estáis dudando? Abrid el manuscrito y rezad para que no sea vuestra vida la que aparece en sus páginas. Por lo demás, felices lecturas.


Alexander Copperwhite



El Manuscrito 1. El secreto (segunda edición)

sábado, 25 de junio de 2016

Brexit

Siento que el futuro se está convirtiendo en pasado, y el presente sólo es una sombra de lo que pudimos ser. El sueño de una unión, poco a poco es convertido a pedazos, mientras los avariciosos no paran de frotarse las manos, cual buitres que aguardan repartirse los restos de un cadáver… mutilado desde hace bastante tiempo. Una vez más, la supremacía alemana está llegando a su fin, y los vencedores de una guerra pasada, aunque no olvidada, reclaman la capacidad de elegir el destino de su pueblo, sin intervenciones y medidas de austeridad impuestas por quienes no pagan intereses, y sin embargo exigen intereses.

Es muy fácil tildar al pueblo inglés de poco solidario, pero la solidaridad es algo que escasea en todo el marco geográfico de la Unión Europea. Los medios de comunicación no hablan de cuántos países se están planteando un “euroexit”, tales como la República Checa, Islandia, e incluso, una vez más, Grecia. ¿Y debemos culparles por ello? En nuestro país hace mucho que la clase media - baja (o al menos lo que queda de ella) no disfrutamos de la europeización y de sus ventajas, reservada para las clases que pueden permitírselas. Incluso la pobreza forma parte de una sociedad que, cuando yo era joven, faltaban cosas, pero nadie pasaba hambre. Y es que ahora el desplazamiento de las industrias, de la agricultura, de las cuotas de pesca, organizada por los alemanes y sus lacayos (belgas y holandeses) que son gente que nos ven como ciudadanos de segunda, no favorecen nuestras empresas, y ellos mantienen un sistema de Seguridad Social que nosotros no somos capaces ni de soñar que existe. No sé. A mí me hace pensar que algo no va bien.

El Brexit no es una mala decisión, sino la consecuencia de muchas malas decisiones, y de seguir el consejo de quienes se han preocupado más por los bancos… y no por las personas. Yo creo que al final el agua del río alcanzará el mar, y la dulzura será revuelta con lo salado. Se crearán nuevas realidades y nuevas desestabilidades, ya que estas últimas son las que nutren los bolsillos de los sinvergüenzas y los especuladores. Incapaces de crear algo positivo


o de soñar con un elemento que no sea material, estas personas incuso venderán a sus propias familias con tal de engordar sus cuentas corrientes, comprarse un coche nuevo, o hacer un viaje de ensueño. A costa de los demás, por supuesto. El Brexit es la respuesta a esa gente de mala madre y, sin lugar a dudas, el resto nos sentimos ofendidos y en cierto sentido abandonados. Pero, ¿qué ocurriría si nos preguntasen a nosotros si queremos seguir en la EU, o si queremos recuperar nuestro destino como pueblo libre? ¡Esa es la cuestión!

De momento, esperemos que los manipuladores de medios (políticos y compañía) encuentren una solución, y tengamos la fiesta en paz. Que los países de la unión vuelvan a creer en ella, y erradiquemos la pobreza en una nación, que debería ser la más poderosa del mundo. ¡Como nación, y no como hervidero de grandes fortunas! Y tal como dijeron hace mucho tiempo atrás, cuando otro momento histórico tambaleó los pilares de lo preestablecido: Buenas noches, y buena suerte.


Alexander Copperwhite

miércoles, 1 de junio de 2016

Algunos trucos: Cómo escribir una buena historia

Desde el primer momento que nos enfrentamos al folio en blanco, comienzan a surgir una infinidad de preguntas y solemos carecer de respuestas. En esta ocasión, intentaré dar algunas pinceladas de lo que es para mí una buena historia, y los puntos clave para que sea bien recibida.

Empezamos…

Cada uno de nosotros tiene un estilo propio, al igual que una visión muy particular de las cosas y del trascurso de la vida. Ese punto personalizado, es nuestra mayor virtud, aunque también nuestro mayor enemigo. Y me explico. Cuando un escritor escribe para sí mismo, no es necesario preocuparse por casi nada, ya que quien de verdad lo hace de forma egoísta, no publicará nunca. Eso sí, siempre nos encontraremos con aquel escritor que ni lee, ni escribe para los demás, pero sí espera que le digan lo bueno que es y lo bien que lo hace. Todos quienes inician su andadura en la escritura, y pretenden compartir sus trabajos, han de pensar en el lector y adecuar el texto a las medidas del sector al que se dirige. Por supuesto, la máxima de uno ha de ser la de escribir algo que le gustaría leer, porque si no fuese así, menuda patata. Eso es lógico, aunque no todos comparten dicha evidencia. Recordad: Sed sinceros con vuestra mente, y esta no os traicionará.

Ya hemos tratado del marco general del escritor, y nos adentraremos en lo superficial de un texto. Lo primero, un protagonista (o varios) con los que el lector logre identificarse, u odiar, o amar. Dichos sentimientos crean una simbiosis con el lector que le hace querer continuar con el texto, o detestarlo. Dicho esto, recordad que no podéis agradar a todo el mundo, así que no os preocupéis en hacerlo. Quien haga tal cosa, lo único que escribirá es un cuento de mariposas, margaritas y unicornios, donde todo el mundo es feliz y nunca sucede nada. Aun así, habrá lectores que no les guste.
Personajes y cuentos de hadas aparte, luego toca centrarnos en los escenarios que elegiremos para nuestra historia. Han de ser fáciles de reconocer, de oler y de imaginar, de lo contrario el lector pasará de largo sin ubicarse. No pasa nada, existen obras de teatro que carecen de mobiliario, pero un buen fondo siempre da otro colorido a una función. Escoged vuestra prosa y sed fiel a ella, evitando ser mecánicos a la hora de escribir, o empalagosos, a menos que el momento lo requiera. Es muy importante encontrar un punto medio, ya que lo que es demasiado largo para unos, es excesivamente corto para otros. En el punto medio, habrá menos discordia.

Escenas. Hemos de crear tensión, intriga, amor, misterio y suspense. La mezcla del cóctel de siempre. Creedme, no vais a descubrir la pólvora, y menos con la ingente cantidad de novelas que son presentadas cada día, pero si sois capaces de crear una mixtura novedosa, quizás marquéis la diferencia.

Por último, y no por ello menos importante, es fundamental que la historia esté bien atada, sin lagunas entre párrafos y sin fallos en la estructura. Tomen nota de los personajes, y si al terminar la novela os dais cuenta de que os habéis olvidado de alguien, matadlo en algún capítulo. No pasa nada. Pero no lo dejéis por ahí colgando.



Con estos detallitos, tenéis la base para una historia que los lectores disfrutarán. El resto, depende por completo a vuestra imaginación y de las musas.


Alexander Copperwhite

domingo, 29 de mayo de 2016

Mi opinión – Jugando con fuego (Las crónicas del bien y del mal), de José Mariño

Uno de los grandes retos de un escritor, es el de crear una historia que fusione la realidad con la ficción, y viceversa. He tenido el placer de descubrir la imaginación de gente maravillosa, y he de admitir que la mente de José Mariño entra en esa categoría. Halagos aparte, Jugando con fuego es el primer libro de una trilogía que ha dado mucho de qué hablar, y seguirá dando guerra durante mucho tiempo.

En sus páginas nos encontraremos con el mundo actual, pero visto desde otro punto de vista. El de la inmortalidad mortal. Suena a contradicción, ¿vedad? Y lo es, pero os aseguro que conforme os adentréis en este mundo y sus personajes, de repente todo cobrará un sentido tan profundo, que incluso llegaréis a dudar de si la realidad es tal y como la percibimos, o puede que sea como nos la presenta el autor. Bien, dicho esto, no me toméis por loco, que ya sé diferenciar entre lo real, lo mágico y lo irreal. ¿He dicho mágico? Bueno, pretendía decir asombroso. ¡O puede que no!

Os aseguro momentos de acción aderezada con misterio, intriga adornada con historia, amor enmascarado por odio y mucho, pero que mucho más. Adoraréis numerosos personajes que más tarde despreciaréis, y renegaréis de otros para luego desear que sigan con sus peripecias. Un mundo que une la realidad con una ficción muy propia del realismo mágico, lo sobrenatural, y lo mundano.



Sé que acabo de decir muchas cosas sin decir nada. Pero, ¿a que os ha llamado la atención esta historia? No os hagáis los remolones o las remolonas, y echadle un vistazo. Así por encima, a ver si conseguís soltar el libro. Es un reto que os propongo. Diversión garantizada en un viaje sin igual. Por mi parte, enseguida empiezo el segundo libro que, según me ha asegurado el autor, contiene giros inesperados que me dejarán con la boca abierta. Y me lo creo. Así que vamos, a leer que son dos días. No vemos en las novelas.


Alexander Copperwhite



Jugando con fuego. Las crónicas del bien y del mal (Luna Llena)

lunes, 23 de mayo de 2016

Un sueño convertido en pesadilla: Europa

Una de las grandes ventajas de viajar, y de hablar varios idiomas, es conversar con diferentes tipos de personas, en distintos lugares, en diversas circunstancias. También es muy interesante ver las noticias de cada lugar que, aunque parezca mentira, cada uno cuenta una versión diferente. Bueno, creo que el comentario de la veracidad de dicho hecho sobra, ya que incluso en nuestro propio país nos encontramos con cadenas que interpretan una noticia a su manera, mientras otras le dan otro sentido. Digamos que existen diferentes puntos de vista.

En fin. Yo siempre he sido un defensor de la unidad. La Unión Europea era un sueño que comencé a vivir desde pequeño, pero que con el paso del tiempo, los grandes intereses convirtieron esa idea en un producto comercial. Lo exprimieron, y continúan exprimiéndolo, hasta tal punto, que los pobres son más pobres, y ellos, los ricos, son más ricos.
Muchas son las voces que piden que el sueño no se apague, pero hay otras muchas que no pueden soportar el coste económico y de bienestar que han sacrificado. Dejando aparte las ingentes cantidades de dinero que los corruptos y los desalmados han llevado a paraísos fiscales. Y es una pena, porque cuando se han inventado palabras como Grexit (Salida de Grecia), Britexit (Salida de Gran Bretania), y demás parafernalias, una cosa queda clara. La familia está rota.

Los alemanes tiraron de la cuerda hasta romperla (una vez más). Yo también tuve fe en que habían cambiado como nación, o como filosofía, pero están demostrando que no es así. Este año he estado en varios países, y el rechazo hacia la “Nueva Raza Aria” como muchos la han denominado, el latente en todos los rincones. La historia regresó a los años cuarenta, y el odio anidó en los corazones de los más necesitados. Es una pena. El sueño de una Europa unida está en peligro.



Como europeo, no respeto los derechos humanos, porque permito que en mis fronteras mueran refugiados; no respeto la constitución, dejando de lado a los niños que se encuentran con dificultades para alimentarse. ¡EN EUROPA! Lo pienso y me embarga un sentimiento de vergüenza inimaginable. Me asqueo por las armas que vendemos a países en guerra, porque codiciamos sus recursos, para que luego aquí se lucren cuatro gatos. Los de siempre. La Europa del mañana, la tenemos hoy en nuestras manos. Y no le veo punta al asunto. Me da pena, y espero que las nuevas generaciones destronen a los reyes de la codicia y la soberbia, y siembren las semillas de la bondad y la esperanza.


Alexander Copperwhite

domingo, 22 de mayo de 2016

Mi opinión – El taxidermista, de Enrique Laso

Es el primer texto que leo de este autor, y ya os aviso que no será el último. He encontrado muchas historias en internet y muchos buenos comentarios de Enrique Laso, pero el título de la que acabo de leer, junto con el hecho de ser corto, fue lo que me atrajo a devorarlo.

Hacía mucho tiempo que había dejado de ver animales disecados y exposiciones de esa índole. No es que esté en contra o por algún motivo en particular, sino porque me da la impresión de que la taxidermia es un arte casi olvidado y muy poco apreciado. Al menos de eso me di cuenta después de leer El taxidermista. Claro, ¿quién conoce a un taxidermista? Yo os juro que jamás lo he hecho. Y eso que he tenido el gusto de estrecharle la mano a un astronauta, a submarinistas, comandos, ex combatientes, pintores, autores, cocineros, funcionarios, maestros, sanitarios, y creo que a todo el mundo que he tenido la oportunidad. Pero jamás he conocido a un taxidermista. ¿O sí?

El lenguaje que utiliza el autor es rico, no se trata de un texto llano, pero es un estilo transparente que llega con facilidad al lector. Para los menos ávidos a la lectura quizás, y sólo quizás, deberéis recurrir al diccionario un par de veces. ¡Os lo prometo, sólo un par de veces! Que también es bueno. Ya sabéis a qué me refiero. ¿Ehhh? La historia es fluida, casi en su totalidad de personajes, más que de escenarios, que resulta intensamente interesante, debido a la longitud del texto. Un verdadero hito para el autor, sin lugar a dudas. Quien decida atreverse con esta historia, quedará prendado con las reflexiones y la personalidad del taxidermista, tan misteriosa y ambigua, como la vida misma.

¿Dónde trascurre la historia? Ya sabes, léela. ¿Quién es el protagonista? Me remito a la contestación anterior. Detesto contar lo más mínimo de lo que acabo de leer. Sólo dejaré claro que oculta un secreto que muy pocos, o ninguno, logrará imaginar, y mucho menos empatizar con este. Raro, ¿verdad? Pues adelante. Conoced a un taxidermista, ahora que tenéis la ocasión. Porque quizás, y sólo quizás, no tangáis otra oportunidad.




Alexander Copperwhite



El Taxidermista: Una oscura novela sobre el arte

jueves, 12 de mayo de 2016

El escritor envidioso

Quienes dedicamos parte de nuestro tiempo a hilar frases, para luego construir párrafos, y que terminen en novelas, siempre nos cruzamos con muchísimos compañeros de letras en nuestro viaje literario. Es posible que sean muchos más de los que en un principio imaginamos, pero lo único que importa es continuar y seguir escribiendo.

Eso sí, como todo en la vida, nos encontramos con buenas o malas personas, buenos o malos escritores, buenas o malas experiencias. Y entre todas esas posibilidades, es imposible no toparnos con «El escritor envidioso».

El escritor envidioso es aquel que te odia por lo que escribes, sea bueno o malo. Sé que suena extraño, pero este tipo de escritor, a veces ni se molesta en leer lo que has escrito, ya que en el momento de preguntarle los motivos por los cuales no le parece bien un trabajo tuyo, él responde con evasivas que harían reír hasta el más inocente de los jóvenes. Sus consejos son inconcusos, y su único objetivo es el de echar por tierra tu persona, más que tu trabajo.

Personalmente no he tenido muchas oportunidades de toparme con este tipo de escritor, ya que suelo tener como ventaja el haber leído a muchos escritores de mi entorno. Dicho conocimiento me otorga poderes «supranaturales», que les deja sin palabras a la hora de argumentar cualquier despropósito sobre mí. Así que ya sabéis. Para repeler al escritor envidioso hay que leer… y mucho. Lo intenté también vistiendo mi ropa interior por fuera, como Superman, pero no funcionó. De todos modos, cualquiera que lucha por escribir un texto atractivo, ha de leer a conciencia, con el fin de empaparse de las artes narratorias de otros compañeros.

Resumiendo, hay que evitar al escritor envidioso a toda costa. Siempre que la envidia sea malsana, porque he de admitir que yo también soy un escritor envidioso, pero en vez de criticar a los demás, me dedico a estudiarlos, para así lograr un nivel de calidad que se acerque a los textos que más me asombran. ¿Entendido? Ahora que disponéis de esta información útil, o inútil, está en vuestras manos elegir qué clase de envidiosos preferís ser. ¿De los que critican, o de los que son criticados?


Alexander Copperwhite