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miércoles, 19 de junio de 2013

De todo un poco – Sobre escritores y otras rarezas


Esta mañana he mantenido una conversación muy interesante con mi amigo y escritor José Docavo Alberti, y llegué a la conclusión de que en este oficio, como en muchos otros, las incertidumbres terminan por apoderarse de nuestros pensamientos. Al principio uno puede pensar que ser, o tratar de ser, escritor es algo laborioso, aunque rodeado por constantes satisfacciones, que nos ayudan a sumergirnos aún más en un mundo de fantasía, o de pajaritos, arbolitos y ardillas voladoras, como lo yo lo denomino. Pero pronto descubrí que no era así, y que el camino por ganarse a un lector (como comienzo) estaba plagado de obstáculos de todas clases, colores, matices, matrices, narices, perdices, y todo lo que uno se puede imaginar.

Las preguntas de mí querido amigo (que no voy a desvelar para mantener el misterio, y por guardar el secreto de una conversación privada) me recordaron lo perdido que estaba cuando comencé a dar mis primeros pasos como analfabeto disléxico, en un mundo de monstruosos maestros de la prosa y la palabra. Vamos… de novel-ete o novato (como más os guste). No es que sea su caso, puesto que le estoy leyendo y se trata de un magnífico escritor, pero de una manera sencilla empezamos a plantearnos las estrategias a seguir para conquistar a esa "presa" tan difícil de conseguir, que es el lector. No pretendo soltar una verborrea sin sentido alguno, sólo me gustaría comentar el final de la conversación que, entre otras cosas y rarezas, me recordó lo que realmente importa, y lo que finalmente cala en el paladar mental de aquel que nos lee. LA HISTORIA. No importa lo buenos que seamos, creamos ser, o pretendamos ser… el lector nos devorará si la historia le gusta, nos maldecirá si la historia le aburre, nos aplaudirá si la historia le emociona, y cuando llegue el momento de cerrar el libro (porque lo ha terminado, ¡o no!) lo más probable es que se quede con la historia, y que nuestro nombre permanezca donde de verdad debe permanecer… en el olvido. Al igual que nosotros vivimos a través de nuestros personajes, el lector también lo hará. Y puede que algún día… algún fatídico día, al lector le pique la curiosidad y vuelva a leer ese manchón en la portada. ES NUESTRO NOMBRE.

QUE VIVA LA HISTORIA, y lo demás vendrá solito.

Gracias por recordármelo José, un fuerte abrazo.

viernes, 7 de junio de 2013

Mi opinión – La conjura del vino, de Diego Castro Sánchez


Bueno, bueno, ¿cómo se puede describir una historia que tiene de todo? Pues precisamente con esta misma pregunta. A lo largo del tiempo me he topado con lectores que no aprecian el humor en su lectura, y es respetable, así que quien se identifique como “miembro” de ese grupo, absténgase de leer la novela. Y punto. El resto… no os la podéis perder. ¡Bajo ninguna circunstancia!

Tengo entendido que lo que he leído es el primer “borrador” del autor, y que ahora se puede adquirir uno mejorado. Anphorae. Más puntos a su favor, porque la novela ya era muy buena. Eso sí, siempre me gusta advertir al futuro lector sobre los detalles de la prosa y el estilo utilizado; y aquí les pido a aquellos que no les guste utilizar el diccionario que tengan paciencia, porque merece la pena y se puede aprender mucho de la antigua Roma. El lenguaje es fluido y rico, muy rico, aunque se utilizan muchos, ghhmmmm, ghhmmmm, sobre partes del cuerpo humano y actos relacionados con él, que no son para nada ofensivos y sí hacen que el lector consiga sentirse más envuelto por aquellos tiempos. O al menos así me lo pareció.

Acción, aventura, misterio, sorpresas, humor, viajes, piratas, legionarios, gladiadores, ¿qué más hace falta? Yo desde luego no me esperaba algo parecido y me lo pasé de fábula. Como pega diré que termina de manera muy brusca, aunque también se puede interpretar como que deseaba saber más de la vida del protagonista. Cosa que nunca se sabe si es bueno o malo. Lo dicho… a mí me ha dejado un excelente sabor de boca, y confieso que durante la lectura me tome una copita de vino… o dos.