Siento que el futuro se está convirtiendo en pasado,
y el presente sólo es una sombra de lo que pudimos ser. El sueño de una unión,
poco a poco es convertido a pedazos, mientras los avariciosos no paran de
frotarse las manos, cual buitres que aguardan repartirse los restos de un cadáver…
mutilado desde hace bastante tiempo. Una vez más, la supremacía alemana está
llegando a su fin, y los vencedores de una guerra pasada, aunque no olvidada, reclaman
la capacidad de elegir el destino de su pueblo, sin intervenciones y medidas de
austeridad impuestas por quienes no pagan intereses, y sin embargo exigen
intereses.
Es muy fácil tildar al pueblo inglés de poco
solidario, pero la solidaridad es algo que escasea en todo el marco geográfico
de la Unión Europea. Los medios de comunicación no hablan de cuántos países se
están planteando un “euroexit”, tales como la República Checa, Islandia, e
incluso, una vez más, Grecia. ¿Y debemos culparles por ello? En nuestro país
hace mucho que la clase media - baja (o al menos lo que queda de ella) no
disfrutamos de la europeización y de sus ventajas, reservada para las clases
que pueden permitírselas. Incluso la pobreza forma parte de una sociedad que,
cuando yo era joven, faltaban cosas, pero nadie pasaba hambre. Y es que ahora
el desplazamiento de las industrias, de la agricultura, de las cuotas de pesca,
organizada por los alemanes y sus lacayos (belgas y holandeses) que son gente
que nos ven como ciudadanos de segunda, no favorecen nuestras empresas, y ellos
mantienen un sistema de Seguridad Social que nosotros no somos capaces ni de
soñar que existe. No sé. A mí me hace pensar que algo no va bien.

El Brexit no es una mala decisión, sino la consecuencia
de muchas malas decisiones, y de seguir el consejo de quienes se han
preocupado más por los bancos… y no por las personas. Yo creo que al final el
agua del río alcanzará el mar, y la dulzura será revuelta con lo salado. Se
crearán nuevas realidades y nuevas desestabilidades, ya que estas últimas son
las que nutren los bolsillos de los sinvergüenzas y los especuladores.
Incapaces de crear algo positivo
o de soñar con un elemento que no sea
material, estas personas incuso venderán a sus propias familias con tal de
engordar sus cuentas corrientes, comprarse un coche nuevo, o hacer un viaje de
ensueño. A costa de los demás, por supuesto. El Brexit es la respuesta a esa
gente de mala madre y, sin lugar a dudas, el resto nos sentimos ofendidos y en
cierto sentido abandonados. Pero, ¿qué ocurriría si nos preguntasen a nosotros si
queremos seguir en la EU, o si queremos recuperar nuestro destino como pueblo
libre? ¡Esa es la cuestión!
De momento, esperemos que los manipuladores de
medios (políticos y compañía) encuentren una solución, y tengamos la fiesta en paz. Que los países de
la unión vuelvan a creer en ella, y erradiquemos la pobreza en una nación, que
debería ser la más poderosa del mundo. ¡Como nación, y no como hervidero de
grandes fortunas! Y tal como dijeron hace mucho tiempo atrás, cuando otro
momento histórico tambaleó los pilares de lo preestablecido: Buenas noches, y
buena suerte.
Alexander Copperwhite
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