Desde el primer momento que nos enfrentamos al folio
en blanco, comienzan a surgir una infinidad de preguntas y solemos carecer de
respuestas. En esta ocasión, intentaré dar algunas pinceladas de lo que es para
mí una buena historia, y los puntos clave para que sea bien recibida.
Empezamos…
Cada uno de nosotros tiene un estilo propio, al
igual que una visión muy particular de las cosas y del trascurso de la vida.
Ese punto personalizado, es nuestra mayor virtud, aunque también nuestro mayor
enemigo. Y me explico. Cuando un escritor escribe para sí mismo, no es necesario
preocuparse por casi nada, ya que quien de verdad lo hace de forma egoísta, no
publicará nunca. Eso sí, siempre nos encontraremos con aquel escritor que ni
lee, ni escribe para los demás, pero sí espera que le digan lo bueno que es y
lo bien que lo hace. Todos quienes inician su andadura en la escritura, y
pretenden compartir sus trabajos, han de pensar en el lector y adecuar el texto
a las medidas del sector al que se dirige. Por supuesto, la máxima de uno ha de
ser la de escribir algo que le gustaría leer, porque si no fuese así, menuda
patata. Eso es lógico, aunque no todos comparten dicha evidencia. Recordad: Sed
sinceros con vuestra mente, y esta no os traicionará.
Ya hemos tratado del marco general del escritor, y
nos adentraremos en lo superficial de un texto. Lo primero, un protagonista (o
varios) con los que el lector logre identificarse, u odiar, o amar. Dichos
sentimientos crean una simbiosis con el lector que le hace querer continuar con
el texto, o detestarlo. Dicho esto, recordad que no podéis agradar a todo el
mundo, así que no os preocupéis en hacerlo. Quien haga tal cosa, lo único que
escribirá es un cuento de mariposas, margaritas y unicornios, donde todo el
mundo es feliz y nunca sucede nada. Aun así, habrá lectores que no les guste.
Personajes y cuentos de hadas aparte, luego toca
centrarnos en los escenarios que elegiremos para nuestra historia. Han de ser
fáciles de reconocer, de oler y de imaginar, de lo contrario el lector pasará
de largo sin ubicarse. No pasa nada, existen obras de teatro que carecen de
mobiliario, pero un buen fondo siempre da otro colorido a una función. Escoged
vuestra prosa y sed fiel a ella, evitando ser mecánicos a la hora de escribir,
o empalagosos, a menos que el momento lo requiera. Es muy importante encontrar
un punto medio, ya que lo que es demasiado largo para unos, es excesivamente corto
para otros. En el punto medio, habrá menos discordia.
Escenas. Hemos de crear tensión, intriga, amor,
misterio y suspense. La mezcla del cóctel de siempre. Creedme, no vais a
descubrir la pólvora, y menos con la ingente cantidad de novelas que son
presentadas cada día, pero si sois capaces de crear una mixtura novedosa,
quizás marquéis la diferencia.
Por último, y no por ello menos importante, es
fundamental que la historia esté bien atada, sin lagunas entre párrafos y sin
fallos en la estructura. Tomen nota de los personajes, y si al terminar la
novela os dais cuenta de que os habéis olvidado de alguien, matadlo en algún
capítulo. No pasa nada. Pero no lo dejéis por ahí colgando.
Con estos detallitos, tenéis la base para una
historia que los lectores disfrutarán. El resto, depende por completo a vuestra
imaginación y de las musas.
Alexander Copperwhite